Cenas clandestinas Barcelona
Los comienzos de Santa Rita, cenas clandestinas y la patrona de los imposibles.
Después de 7 años frenéticos trabajando en restaurantes gastronómicos, en 2007 y tras una crisis existencial como cocinero, me tome unos años impartiendo cursos de cocina y organizando eventos culinarios. En ese periodo de tiempo descubrí que me encantaba interactuar con el comensal, pero es cierto que extrañaba poder desarrollar mi cocina de manera más creativa. Por eso, me surgió la idea de crear un espacio gastronómico en casa.
En 2010 encontré un loft donde organizar mis primeras “cenas clandestinas “, primero con mis contactos y poco a poco el boca a boca hizo el resto, supongo que lo original de la propuesta, la clandestinidad y mi cocina hicieron que Santa Rita se llenara cada fin de semana a pesar de la clandestinidad y de solo moverlo con mis contactos. Los últimos años en casa fueron un sold out continuo, y decidí bajar el concepto de cenas clandestinas a pie de calle con licencia de restaurante.
Muchos clientes hoy me preguntan el porque del nombre; El 22 de mayo del 2010 organicé mi primera “cena clandestina”, y por azar, descubrí que era el día de la patrona de las cosas imposibles: Santa Rita. Y así decidí bautizar estas cenas clandestinas en mi hogar.
Cenas clandestinas ¿producto de marketing?
La etiqueta de cenas clandestinas sin duda es la que más ha funcionado, personalmente nunca me he sentido muy cómodo con esta etiqueta, ya que la mayoría de los espacios que se venden como clandestinos son simplemente restaurantes o espacios gastronómicos ocultos que venden una experiencia clandestina por su difícil acceso o porque están escondidos, pero no son clandestinos, ni tienen ese espíritu con el que comenzó la escena supper club o club gastronómicos de Barcelona, muchos de nosotros empezamos como salida a no poder montarte un restaurante, a probarte como cocinero y desarrollar una experiencia mucho más personal que la que se crea en un restaurante. Como toda escena ha ido evolucionando desde la ingenuidad de los comienzos hasta la mercantilización del concepto clandestino.
La escena de Barcelona como empezó.
En casa kokun y Santa Rita club fuimos los proyectos pioneros en organizar cenas clandestinas en casa, tapioles 53 tenía un local en el poble sec que también se organizaba como restaurante clandestino. Después de recibir a mucha gente en mi casa gente he investigado sobre una escena anterior a la nuestra en Barcelona y sí que tengo constancia de espacios donde se organizaban cenas clandestinas, pero de una manera más puntual y con otro tipo de enfoque. Desde mi punto de vista la escena supper-club en Barcelona se creó con la llegada de internet a nuestras vidas, desde el momento que tienes una web o redes sociales con tus cenas el impacto y enfoque es completamente distinto a lo que podías desarrollar antes de la llegada de internet.
En 2013 llega eatwith a Barcelona una aplicación que organizaba cenas en casas y espacios singulares, apuestan fuerte por Barcelona e invierten mucho dinero en difusión, esta plataforma trajo un boom de cenas en casas pero la mayoría enfocadas a turistas.
En estos años surgieron un montón de experiencias en casa o en locales singulares , hidden factory, la contraseña, spoonik cada uno con diferentes estilos, también Airbnb empezó a ofrecer experiencias de tours, cenas en casas o cursos de cocina.
Cenas clandestinas en el mundo
Saltar una valla, escalar una pared, atravesar un túnel, llamar a la puerta de un desconocido, acceder a un local subterráneo a través de pasillos… ¿El objetivo? Cenar en la clandestinidad.
Es lo que cada vez está más de moda en las grandes ciudades: reunirse en secreto, en un lugar que nadie imagina o conoce, alejado del mundo… Pero a la vez en el centro de todo.
A pesar de la amplia oferta cultural que ofrecen ciudades del tamaño de Londres, Toronto o Barcelona, cada vez son más los urbanitas que buscan experiencias que vayan más allá de una simple cena o salida de fin de semana.
Los supper clubs son restaurantes urbanos, escondidos y aparentemente cerrados al público, donde se organizan eventos sociales que juntan a personas desconocidas para cenar y compartir una noche diferente.
Este tipo de reuniones se han expandido por el mundo mezclando el placer de la comida con las relaciones sociales, convirtiendo una cena en una aventura gastronómica. «La comida tiene el gran poder de reunirnos y hacer que conectemos de manera como ninguna otra cosa puede hacer», dice Geoff Kann del supper club secreto Beware of Dog de la ciudad de Denver en Estados Unidos.
Aunque la mayoría de supper clubs trata de hacer de sus platos un lujo, la acción social y el ingrediente de clandestinidad tienen tanto protagonismo en estos eventos que algunos han llegado a relegar la cena a una simple excusa.
Pero estos eventos no sólo se celebran en un restaurante. A veces, se llevan a cabo en lugares en medio de la ciudad, rodeados de escenas urbanas familiares pero escondidos, anómalos y de difícil acceso.
Charlie Burger, nombre de un supper club de la ciudad de Toronto en Canadá, bajo el que se esconde su coordinador, elige siempre espacios únicos en el mismo centro de Toronto, encondidos, pero en zonas muy transitadas. Algunos ejemplos son el acceso por huella digital a una instalación subterránea de alta seguridad de almacenamiento de vino, un museo de arte tribal y objetos macabros o un teatro subterráneo semiabandonado en el barrio chino de la ciudad.
«Me encanta encontrar lugares que nunca supiste que existían, aunque camines por ellos todos los días», cuenta.
¿Por qué cenar en secreto?
Los motivos que llevan al comensal a pasar una velada en la clandestinidad van más allá de la exclusividad que ese ingrediente aporta a la noche.
Estas acciones responden a una necesidad de compartir e intimar, «fruto de una década caracterizada por el individualismo», dice Aiofe Behan, que hasta hace poco, convertía su casa de Edimburgo, en Escocia, en un supper club. Behan cree que la crisis ha promovido un sentimiento de comunidad entre la gente.
Para Charlie Burger en Canadá, este secretismo es una mezcla de «intriga y misterio en la que nuestros invitados dejan volar su imaginación al no conocer detalles como el lugar de la cena o las personas con las que compartirán la velada».
Algunos de estos supper clubs no permiten la entrada a cualquiera. Zingara Cucina, un restaurante «sin ubicación fija» escondido en algún apartamento de Melbourne, Australia, no admite a nadie que no sea recomendado por personas o amigos que sean conocidos.
«Pretendemos mantener una red de gente que se sienta cercana en sus intereses», dice Zingara Cucina en un email en el que no revela su identidad.
Javi es un joven cocinero que abrió Restaurant Secret en Barcelona, como «una reunión de amigos», hace ya más de un año. Empezó a viajar y decidió «llevarse su restaurante con él». Ahora se ha convertido en un nómada y organiza, de momento, caterings secretos hasta que encuentre el destino donde quedarse.
Para Javi, los principales ingredientes que buscan sus comensales son la exclusividad y la sorpresa. «Nos adaptamos a cualquier propuesta, pero la mayoría de nuestros clientes optan por que les sorprendamos», comenta.
Barcelona es el corazón de esta tendencia en España. Urban Secrets es una empresa gastronómica que cuenta con una red de restaurantes ocultos por la ciudad de Barcelona para los que se necesita una contraseña que te permite acceder al interior.
Su filosofía se basa en que la gente quiere vivir experiencias nuevas. Destacan restaurantes como el Tintorería Dontell, detrás de la fachada de una tintorería o el Chi-Ton, que en este caso aparece como una tienda de souvenirs para los viandantes que no saben lo que esconde detrás.
Sin embargo, el éxito de estos lugares los convierte cada vez más en restaurantes conocidos y de moda. Algunos dicen que ya no se sienten atraídos por una actividad que debería haber quedado en secreto, para unos pocos.
El caso de Alicia Weston, que acoge a los comensales en su propia casa de la calle Parkholme Road en Londres, es diferente. «Yo también disfruto de la misma experiencia que ellos. Después de todo, estoy invitando a cenar a extraños en mi casa», comenta Weston.
El encuentro secreto paso a paso
Uno de los aspectos más destacables de esta genuina velada es que muchos juegan con los límites de la legalidad.
Bani Brusadin, de Barcelona, es el coordinador del festival de arte «no convencional» The Influencers que una vez al año junta todo tipo de artistas del mundo de la música, las artes visuales, etc., creando una mezcla sugerente y diferente.
Brusadin quiso llevar estas sensaciones a un terreno más exclusivo, para lo que se puso en contacto con Jeff Stark, que previamente había coordinado eventos underground de este tipo en la ciudad de Nueva York. Juntos organizaron una cena secreta en una parte abandonada de la antigua central termoeléctrica Barcelona.
El objetivo era reunir a unos desconocidos bajo un concepto de cena secreta de la que no se sabe nada más que la hora y el lugar de encuentro.
«La cena», dice Brusadin, «es sólo una excusa para juntar a un grupo por la noche y poder disfrutar de una experiencia completa y sugerente con desconocidos en intimidad». Bani Brusadin y Jeff Stark denominan a estas escapadas secretas «experimentos sociales» porque los lugares en los que se lleva a cabo la velada suelen ser de difícil acceso.
«Son sitios donde no deberíamos estar», comenta Brusadin. Algunos prohibidos de pisar y otros lo suficientemente ocultos como un túnel abandonado de la época de la Guerra Civil Española, para tener la sensación de que es una zona inaccesible, poco adecuado para cenar. Siempre tratan de localizar emplazamientos escondidos en la propia ciudad, cerca de la vida urbana.
El experimento social trata de disfrutar de las reacciones y colaboración entre desconocidos en una situación que no se habían planteado como saltar una valla o trepar una pared para llegar al lugar de destino.
A pesar de que los participantes no se conocen entre ellos, tienen a menudo algo en común: les intriga lo desconocido y quieren descubrirlo en compañía de extraños que, finalmente, se convierten en cómplices. «El que no está de acuerdo con el lugar de la cena secreta o no le gusta el planteamiento se retira antes de continuar. Ya nos ha pasado», explica Brusadin.
«El objetivo era hacer algo sugerente que desafiara los límites», dice Bani Brusadin, «es decir, crear un espacio de intimidad y complicidad en el que todos los participantes colaboren entre ellos para llegar al lugar prohibido sin ser descubiertos».
La clandestinidad, junto con la prohibición implícita, ofrece una sensación de adrenalina que está de moda entre aquellos que quieren animar su fin de semana. Y para disfrutar de ella qué mejor excusa que una buena cena.